¿Alguien quiere escuchar la verdad?
... ¿y qué más puedo decirte, diario mío?
Te diría, simplemente, que no es fácil mirarse en un espejo.
No es fácil que dos universos giren cada uno sobre su propia
órbita y sean, al mismo tiempo, sin tocarse, absolutamente distintos y absolutamente
iguales. Tal vez, cuando podamos leer suficiente mecánica cuántica (loados sean Richard
Bach y David Bhom) podamos explicarlo mejor.
No es fácil (al menos para mí es muy difícil por cierto),
hablar cuatro o cinco horas con la misma persona sin notarlo, sin desear que se termine la
charla.
No es fácil tener la certeza de que lo que te están diciendo es
la verdad. Porque nadie quiere escuchar la verdad.
He aquí el desafío, el maravilloso atractivo. Todos quieren ver
las cataratas, los glaciares, los nevados, las montañas y los mares. Pero decime quién
se atreve a plantarse frente al paisaje imponente, inconmensurable, de la verdad.
¿Y quién se atreve a poner en tus manos su verdad?
Estamos otra vez frente al tema del miedo. Prefiero la osadía del
que arriesga a equivocarse. Me quedo con la "peligrosa maniobra" del que busca
una verdad dentro de sí mismo y, además, te la regala. No quiero tener miedo de escuchar
una crítica.
Estoy seguro de que si yo hubiera encontrado alguien que me
animara a decir mis verdades, fueran certeras o erradas, alguien que sin hacerme sentir
presumido ni ignorante me hubiera regalado la maravillosa oportunidad de compartir ideas,
hoy yo mismo sería sabio. Y no lo soy.
¿Encontraste en alguno de tus jefes esa posibilidad? ¿Pudiste
practicarla de igual a igual con muchos de tus subordinados?
¡Qué hermoso es sentir que una opinión adversa te envuelve con
la frescura y el buen gusto inequívoco de una confiada sinceridad!
©
Sol Tové
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