| Respuesta
para una despedida apresurada Diciembre llegó mezquino y agresivo. Se llevó el Sol y nos
cambió los tiempos de los verbos.
¡Qué importaba en enero la sintaxis si era plural la alegría
del encuentro!
Entonces nadie fue capaz de corregir el calendario. ¡Qué
difícil darse cuenta, hasta diciembre, de que un día sólo dura veinticuatro horas; de
que los meses forman años y hasta décadas; de que el Sol y los sombreros de verano
duermen cuando llueve!
¿Quién conjuga el orden de los meses? ¿Por qué las nubes bajo
el cielo? ¿Por qué diciembre?
Hasta aquí la rebelión. Ahora el consuelo:
Si no hubiera sido por diciembre, no tendríamos una oportunidad
para jugar con las palabras ni un hermoso día de enero para recordar toda la vida.
©
Sol Tové
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