Hoy me reconcilio con la vida,
a pesar de los dolores y las penas.
Porque la angustia se quedó perdida
entre tu sangre corriendo por mis venas.
No tengo que morir en el desierto,
donde todo es soledad y ausencia.
La vida me perdona ese tormento
y me trae de regalo tu presencia.
Yo no sé si es tu piel, si son tus ojos,
o si es tu boca que susurra y besa.
Todo tu cuerpo transpira la belleza
que me inunda el corazón a chorros.
No le tengas piedad al hombre extraño.
Matarlo a besos es la mejor tortura;
porque él se niega a vivir sin tu ternura
y prefiere morir amando, entre tus brazos.