¡Si alguna vez
hiciéramos la prueba!
A
veces pienso que si un día el mundo hiciera la prueba y se dejara gobernar por los
verdaderos sentimientos jóvenes, todos los problemas desaparecerían, porque allí donde
los corazones buscan la paz, el amor, la confianza y la amistad; donde se encuentra al
necesitado para ayudarlo y al triste para hacerlo sonreír; donde se trata de comprender y
respetar, allí no puede haber conflictos, ni guerras, ni hambre, ni pobreza, ni
divisiones.
Seguramente,
esto que acabo de decir no se podría publicar, por ahora, salvo que sea dicho por
jóvenes, porque la primera acusación al adulto que osara tamaño desafío a las
generaciones sabias, sería de... "idealismo ingenuo"; y luego, muchos
disfrutarían también agregándole la etiqueta de "demagogia barata", pero...
también se escribió el Quijote, ¿no?, tal vez para mostrar "el choque entre las
sanas intenciones de las almas buenas y el mundo de incomprensiones al que han de
enfrentarse".
Acabo
de levantar la vista sobre el monitor de mi computadora. Justito allí, en la pared, hay
un diploma que me gané. No tiene ningún valor académico, porque no lo conseguí por
concurso ni me lo otorgó la Universidad. No. Me lo dibujó un amigo mío, con el que
dialogamos día tras día, desde hace más de diez años, no sólo en el diario sino
también ahora a través de la computadora, por vía telefónica. Me lo regaló porque
sí.
¿Sabés
qué dice el diploma? Dice así: "Computer whiz-kid award. A mi amigo, Quijote ante
la necedad". ¡Claro!, el autor es amigo mío. ¿Y quién podría conocerme mejor?
¡Si habremos compartido ideales! De los que son fáciles de alcanzar y también de
aquellos que, aparentemente, jamás podrían lograrse.
Sin
embargo, no siempre es bueno que nuestro Quijote salga a cabalgar los caminos de la vida
sin precaución alguna. Si lo mataran, si murieran todos los quijotes, es como si
desapareciera la esperanza.
Algún
día la humanidad descubrirá que ser adulto significa acumular y aprovechar las
experiencias y los aprendizajes que el tiempo nos ha regalado; pero no cambiar la lógica
de la pureza, de la verdad y del amor por la dureza devastadora de la lucha.
¿Te
diste cuenta de que prácticamente todos: los economistas, los políticos, los dirigentes,
los deportistas, casi todos incluyen en sus planes de acción, en sus proyectos y en sus
objetivos, la palabra lucha? Según muchos, la vida es una lucha y siempre hay que luchar
por todo. ¡Qué plomo!
Más
de una vez llegué a leer o escuchar la incongruencia más insólita: luchar por la paz.
¿Qué te parece? ¿Vos creés que se puede entender? ¿Qué pasó en la mente de alguien
que se propone alcanzar la paz a través de la lucha? ¿Qué pasa con los que creen que la
única posibilidad de avanzar es derribar y vencer?
Y
bueno; si cada vez llegan a ser más los que se proponen transformar el mundo de la lucha
en el mundo del amor; si cada día hay un joven más que lo cree posible, tal vez pueda
llegar el momento en que los sueños estén más cerca.
©
Sol Tové
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