¡Mucho
cuidado con que
la vida pierda sentido!Me levanto a la mañana y todo está para atrás. No se
puede avanzar. ¡No puedo avanzar!, que no es lo mismo. Encorsetado en las reglas, en las
normas, en los que miran, en los que observan y juzgan sin saber (yo me observo también,
y me amonesto), me veo anclado lejos de cualquier estuario.
Estoy
varado, como dice ahora el periodismo para cualquier cosa. Si sube la nieve, los camiones
quedan varados en la ruta; si no salen los aviones, los viajeros se quedan varados en el
aeropuerto; si hay un piquete en la autovía, los automovilistas se quedan varados en
medio de su viaje. Yo también estoy varado, ya que estamos.
Me
amonesto. Miro para atrás y me castigo. No miro (no veo) hacia adelante y me detesto.
Soy
capaz de hablarme y decirme, pero no me alcanza para hacer. Suena el teléfono y no lo
atiendo; veo las cuentas y no las pago; veo los platos utilizados anoche y no los lavo;
espero un llamado y sé que no ha venido; y que no vendrá jamás. Y termino
preguntándome por qué alguna vez tuve el refugio de un abrazo de mujer y ahora está
perdido para siempre.
Salió
el sol, pero igualmente todo está nublado. ¿Cómo es que puedo saber, tan de antemano,
lo que pasará? ¿Será porque no veo el futuro y entonces lo invento? ¿Por qué estoy
convencido de que tal o cual cosa no funcionarán? ¿Quién es el que debe hacer que
funcionen? ¿A quién le rindo cuentas?
Hoy
me miré al espejo después de afeitarme, y mientras cauterizaba un navajazo, dije sin
premeditarlo: ¡Rayos y centellas! ¿Quién arreglará esto?
"Sólo
yo", fue mi respuesta simulando sensatez. Sólo yo, porque debe ser así y porque
estoy solo. Nadie más vendrá en mi auxilio a fabricar por mí y para mí otra vida
nueva.
Por
eso quise, y quiero decírmelo.
Aquí
no hay nada solemne, ni definitivo. No hay notas terminadas. Son apenas unos paupérrimos
sentimientos convertidos en palabras. Y me reservo el derecho de venir a corregir, a
cambiar, a modificar cualquier parte de ellos, cuando tenga algo mejor para decir.
Sé
que nadie podría negarme esta libertad, la única que tengo hoy. La de hablar solo
moviendo los dedos sobre el teclado como bailarinas sin dirección ni "couch"
que las entrene.
Cambiaré
lo que me dé la gana, y tú podrás opinar, compartir, felicitar, reír, contradecir,
maldecir o cuanta otra cosa se te ocurra, si tienes el valor de llegar al final de esta
rebelión.
Con
que... ¡adelante!
©
Sol Tové
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