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Página modificada el 28/05/2008

¡Mucho cuidado con que
la vida pierda sentido!

Me levanto a la mañana y todo está para atrás. No se puede avanzar. ¡No puedo avanzar!, que no es lo mismo. Encorsetado en las reglas, en las normas, en los que miran, en los que observan y juzgan sin saber (yo me observo también, y me amonesto), me veo anclado lejos de cualquier estuario.

Estoy varado, como dice ahora el periodismo para cualquier cosa. Si sube la nieve, los camiones quedan varados en la ruta; si no salen los aviones, los viajeros se quedan varados en el aeropuerto; si hay un piquete en la autovía, los automovilistas se quedan varados en medio de su viaje. Yo también estoy varado, ya que estamos.

Me amonesto. Miro para atrás y me castigo. No miro (no veo) hacia adelante y me detesto.

Soy capaz de hablarme y decirme, pero no me alcanza para hacer. Suena el teléfono y no lo atiendo; veo las cuentas y no las pago; veo los platos utilizados anoche y no los lavo; espero un llamado y sé que no ha venido; y que no vendrá jamás. Y termino preguntándome por qué alguna vez tuve el refugio de un abrazo de mujer y ahora está perdido para siempre.

Salió el sol, pero igualmente todo está nublado. ¿Cómo es que puedo saber, tan de antemano, lo que pasará? ¿Será porque no veo el futuro y entonces lo invento? ¿Por qué estoy convencido de que tal o cual cosa no funcionarán? ¿Quién es el que debe hacer que funcionen? ¿A quién le rindo cuentas?

Hoy me miré al espejo después de afeitarme, y mientras cauterizaba un navajazo, dije sin premeditarlo: ¡Rayos y centellas! ¿Quién arreglará esto?

"Sólo yo", fue mi respuesta simulando sensatez. Sólo yo, porque debe ser así y porque estoy solo. Nadie más vendrá en mi auxilio a fabricar por mí y para mí otra vida nueva.

Por eso quise, y quiero decírmelo.

Aquí no hay nada solemne, ni definitivo. No hay notas terminadas. Son apenas unos paupérrimos sentimientos convertidos en palabras. Y me reservo el derecho de venir a corregir, a cambiar, a modificar cualquier parte de ellos, cuando tenga algo mejor para decir.

Sé que nadie podría negarme esta libertad, la única que tengo hoy. La de hablar solo moviendo los dedos sobre el teclado como bailarinas sin dirección ni "couch" que las entrene.

Cambiaré lo que me dé la gana, y tú podrás opinar, compartir, felicitar, reír, contradecir, maldecir o cuanta otra cosa se te ocurra, si tienes el valor de llegar al final de esta rebelión.

Con que... ¡adelante!

© Sol Tové

 

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