Son cuatro en uno
Así
ocurre. O te cruzas con una nave que sintoniza en tu misma frecuencia o la comunicación
no funciona. Y también allí queda clara la diferencia entre cuerpo, alma, sentimiento y
pensamiento.
Cualquiera
de los cuatro elementos puede estar en otra frecuencia y si alguien se había ilusionado,
entonces se desilusionará.
Hay
muchos amores, como digo en uno de mis cuentos. Amas a tus padres, amas a tus hermanos, a
tus amigos, a alguno de tus semejantes, aun sin que te responda, etc., etc.
Pero
si, específicamente, vamos a referirnos al amor como la más profunda y hermosa relación
entre un hombre y una mujer, es imposible que no sea un engaño (o un autoengaño), a
menos que sintonicen en la misma frecuencia el cuerpo, el alma, el sentimiento y el
pensamiento. Si no es así, estamos hablando de otra cosa. Uno de los dos, NO AMA.
¡Dar
sin esperar nada! Cuesta, duele, enoja. En los principios. Porque así aprendimos. Así
nos enseñaron. Así éramos.
Pero
un día, después de enojarse uno mucho, después de sufrir dolores agotadores, después
de sentirse defraudado demasiadas veces, se despierta una mañana pensando: "¡Pero
qué equivocado que estaba! ¡Si no era así como debían ser las cosas!". Y comienza
a ver más claro que si yo te doy porque vos me das, si yo recibo porque antes había
dado, no estoy hablando de amor. Estoy hablando de un trueque.
A los
humanos les fascina el trueque. No dan si no reciben. Y si reciben se sienten obligados a
dar. Pero lo esencial de nuestra vida no puede asimilarse a la esencia del comercio. Mi
felicidad no puede depender de que alguien me dé, si esa acción trae una etiqueta que
dice "en devolución de...".
Entonces,
entre mi duende y yo consagramos una respuesta que, normalmente, tiene un significado
pequeño. Nosotros pudimos darle el gran significado. Ahora tiene el mayor y el mejor de
los sentidos (para mí): "Porque sí".
No
quiero amar a una persona por lo que de ella recibiré. NO PUEDO. No quiero que esa
persona me ame por lo que yo le doy. NO DEBE.
Yo
amo a muchas personas. Pero a todas las personas que amo, las amo "porque sí".
No les pido nada, ni quiero que me den nada, a menos que sea, simplemente, naturalmente,
"porque sí".
Sobre
esto podríamos extendernos mucho, si a ti te interesa, hasta ejemplificar y llegar a la
anécdota. Pero subrayo la diferencia sideral entre el "porque sí" y el
compromiso formal.
Y
ahora pasamos al tiempo, que en definitiva, te confieso, es en mi vida el eje de todas las
preguntas y de todas las respuestas.
Nada
está agotado. Nunca se llega a la última palabra. Pero creo que las desventuras, las
desilusiones, los fracasos y las tristezas no existirían si podemos abstraernos del
tiempo. Porque somos eternos, pero estamos amarrados a ese invento de la Tierra dando
vueltas al sol.
Y
claro, el éxtasis se transforma en condena si me quedo amarrado a las agujas del reloj.
Hay muchos éxtasis que he tenido la dicha de vivir, y que si los mido montado en la
flecha del tiempo, me deprimo y lloro.
Si me
bajo de esa infame cabalgadura, vuelven a ser. Me siento feliz; porque ya no hay tiempo
que me quite nada.
Fíjate
que ni siquiera podemos escribir escapando de los tiempos verbales. Por eso un día
"quemé" los manuales de verbos. Me harté de las conjugaciones, pronunciadas o
escritas. Y entonces, lo que -sujeto a los manuales- es pasado, para mí es eterno
presente.
Y no
hay futuro. No miro al futuro. En este presente eterno también pueden ocurrir milagros
nuevos, porque sí.
©
Sol Tové
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