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Página modificada el 03/07/2008

Son cuatro en uno

Así ocurre. O te cruzas con una nave que sintoniza en tu misma frecuencia o la comunicación no funciona. Y también allí queda clara la diferencia entre cuerpo, alma, sentimiento y pensamiento.

Cualquiera de los cuatro elementos puede estar en otra frecuencia y si alguien se había ilusionado, entonces se desilusionará.

Hay muchos amores, como digo en uno de mis cuentos. Amas a tus padres, amas a tus hermanos, a tus amigos, a alguno de tus semejantes, aun sin que te responda, etc., etc.

Pero si, específicamente, vamos a referirnos al amor como la más profunda y hermosa relación entre un hombre y una mujer, es imposible que no sea un engaño (o un autoengaño), a menos que sintonicen en la misma frecuencia el cuerpo, el alma, el sentimiento y el pensamiento. Si no es así, estamos hablando de otra cosa. Uno de los dos, NO AMA.

¡Dar sin esperar nada! Cuesta, duele, enoja. En los principios. Porque así aprendimos. Así nos enseñaron. Así éramos.

Pero un día, después de enojarse uno mucho, después de sufrir dolores agotadores, después de sentirse defraudado demasiadas veces, se despierta una mañana pensando: "¡Pero qué equivocado que estaba! ¡Si no era así como debían ser las cosas!". Y comienza a ver más claro que si yo te doy porque vos me das, si yo recibo porque antes había dado, no estoy hablando de amor. Estoy hablando de un trueque.

A los humanos les fascina el trueque. No dan si no reciben. Y si reciben se sienten obligados a dar. Pero lo esencial de nuestra vida no puede asimilarse a la esencia del comercio. Mi felicidad no puede depender de que alguien me dé, si esa acción trae una etiqueta que dice "en devolución de...".

Entonces, entre mi duende y yo consagramos una respuesta que, normalmente, tiene un significado pequeño. Nosotros pudimos darle el gran significado. Ahora tiene el mayor y el mejor de los sentidos (para mí): "Porque sí".

No quiero amar a una persona por lo que de ella recibiré. NO PUEDO. No quiero que esa persona me ame por lo que yo le doy. NO DEBE.

Yo amo a muchas personas. Pero a todas las personas que amo, las amo "porque sí". No les pido nada, ni quiero que me den nada, a menos que sea, simplemente, naturalmente, "porque sí".

Sobre esto podríamos extendernos mucho, si a ti te interesa, hasta ejemplificar y llegar a la anécdota. Pero subrayo la diferencia sideral entre el "porque sí" y el compromiso formal.

Y ahora pasamos al tiempo, que en definitiva, te confieso, es en mi vida el eje de todas las preguntas y de todas las respuestas.

Nada está agotado. Nunca se llega a la última palabra. Pero creo que las desventuras, las desilusiones, los fracasos y las tristezas no existirían si podemos abstraernos del tiempo. Porque somos eternos, pero estamos amarrados a ese invento de la Tierra dando vueltas al sol.

Y claro, el éxtasis se transforma en condena si me quedo amarrado a las agujas del reloj. Hay muchos éxtasis que he tenido la dicha de vivir, y que si los mido montado en la flecha del tiempo, me deprimo y lloro.

Si me bajo de esa infame cabalgadura, vuelven a ser. Me siento feliz; porque ya no hay tiempo que me quite nada.

Fíjate que ni siquiera podemos escribir escapando de los tiempos verbales. Por eso un día "quemé" los manuales de verbos. Me harté de las conjugaciones, pronunciadas o escritas. Y entonces, lo que -sujeto a los manuales- es pasado, para mí es eterno presente.

Y no hay futuro. No miro al futuro. En este presente eterno también pueden ocurrir milagros nuevos, porque sí.

© Sol Tové

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