Tú
naciste cargada de distancia
recorrida en el tiempo de la espera.
Destino de alegría postergada,
tardanza de marea,
llegaste con bagajes
de soles y de estrellas
a iluminar los días
de mi nueva primavera.
¡Qué trances tan amargos
y grises te alejaron
del sol de mis cosechas!
Vagando sin espacio
por mundos insondables
te volviste quimera;
y al término del sueño
en la noche interminable
trajiste los racimos
de la perdida siembra.
Así abriste los rumbos
de la cumbre majestuosa
que tú seguirás, dejando
en mi verde llanura
el sabor a dulce
fruto maduro que se aleja.
¡Si al menos en ese instante
un regreso prometieras!