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Página modificada el 26/06/2008

Gracias a Johan

Johan Strauss (hijo) sale a caminar por los bosques de Viena en compañía de un grupo de amigos y amigas. El Sol se cuela en hebras finísimas y hace juegos de luces y sombras en la gramilla verde. Sus compañeros disfrutan de un día de campo, corren y juegan en medio de ese paraíso vegetal.

Nuestro personaje parece no participar. Todos saben que "Johan es tímido, introvertido y callado, y que no disfruta". Así dicen. Una muchacha sensible, tal vez, intenta comprender qué le pasa, trata de sacarlo de su introspección, pero se desanima antes de conseguirlo.

Sin embargo, él es, con seguridad, quien más goza de esos instantes, inclusive por la compañía de sus amigos. Sólo él puede sentir que el viento le habla mientras mueve sensualmente los pinos.

Nadie más se da cuenta de que humanos y vegetales son una sola cosa conviviendo en la creación la unidad cósmica de ese paisaje encantador. Unicamente Strauss siente tan fuerte el amor y la vida, que despierta en esos instantes irrepetibles.

Volvieron a casa. Eran tan reales sus vivencias, eran tan de verdad esos sueños, que no podía guardárselos para sí mismo. Tenía que gritarlos, comunicárselos al mundo entero. Pero no le resultaba posible relatar esa "realidad" construyendo frases y párrafos. Johan Strauss no dominaba el maravilloso pero difícil instrumento literario.

Dentro de su mente, aquellas imágenes y aquellos sueños se convertían en sonidos; y cada sonido hilvanaba una melodía que sólo podía escuchar adentro de su propio corazón. Por eso no hablaba. Estaba gozando más que nadie, recibiendo mucho más y, a la vez, generando la posibilidad de dar mucho más.

Pasaron muchísimos años desde aquel día. Nada se sabe ahora sobre los muchachos que caminaban junto a Strauss por los bosques de Viena. Murieron sin pena ni gloria y quedaron consumidos por la oscuridad insondable del olvido, igual que le habría pasado a Johan, si hubiera puesto sus dos pies en la tierra y no hubiera escuchado esos secretos de la Naturaleza que sólo él podía escuchar.

Así nació "Cuentos de los bosques de Viena", una pieza musical inolvidable; una verdadera obra de arte, como puede ser también un poema o cualquier obra literaria. Podés escuchar los Cuentos de los bosques de Viena, pero sin recordar el casamiento de la tía abuela, ¡je!; Sólo tratando de ver y entender las imágenes que aquel día lejano se imprimieron con forma de sonidos musicales en el corazón de un joven que alimentaba sus sueños. Y podrás sentir la frescura del bosque, el calor del sol y el aroma subyugante del amor. Gracias a Johan.

© Sol Tové

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